lunes, 26 de septiembre de 2016

Tecnoléticos


En los últimos 10 años la tecnología ha avanzado más que en resto de la historia junta, creo que esto es una realidad ampliamente contrastada. Por supuesto en diabetes esto también pasa, y temporada tras temporada las marcas comerciales nos  muestran sus nuevos dispositivos cada vez más modernos, pequeños, sofisticados, inteligentes, precisos, cómodos,  intuitivos y avanzados.



Por supuesto creo que esto en sí mismo es imprescindible; ¡qué sería de nosotros sin los medidores! pero no puedo dejar de preguntarme si no estaremos cayendo en la misma dinámica que con los teléfonos móviles:
- Aunque tengamos uno que funciona bien, cuya batería está  perfecta y del cual aprovechamos probablemente no más de un 20% de su potencial, en cuanto nos cuentan que ha salido un modelo más moderno, inmediatamente tenemos la necesidad de hacernos con él y descartar el viejo.

Dicho así parece que estuviese en contra de los avances tecnológicos y por supuesto eso no es cierto. Desde luego que apruebo  la investigación y las actualizaciones en este campo pero tengo la sensación de que el problema viene dado porque en el fondo, muchas personas -más de las que probablemente lo admitan- dan prevalencia al hecho de tener datos frecuentes y exactos, cuando lo realmente importante va a rebufo de la tecnología: qué hacer con la información obtenida.

A diario escucho a familias, asociaciones, etc entrar en batallas para conseguir éste o aquel dispositivo cuyo único aporte es que es una versión más actualizada del que tienen, y sin embargo no encuentro que se reivindique con tanta energía algo que para mi es fundamental y debería estar por encima de todos los demás requerimientos: Un educador en cada hospital o centro de salud...

Saber nuestras glucemias con una exactitud de reloj suizo me puede parecer importante siempre y cuando a continuación sepamos qué hacer. De lo contrario, si seguimos cojeando a la hora de gestionar de forma autónoma los altibajos glucémicos, todo dato por minucioso que sea pierde utilidad.

Conozco padres que después de años del debut de sus hijos, siguen sin ser capaces de asumir su realidad;  lo cual nos lleva a situaciones de absoluta dependencia al no haber sido capaces de preparar a sus hijos para la vida real fuera de la zona de confort que proporciona el nido familiar. De este modo, los críos se ven obligados a vivir una vida limitada a la manzana alrededor de su casa, presos siempre de la angustia que supone el alejarse de la persona que "controla" las decisiones a tomar en cada momento. Y esto a pesar de tener en cada momento el más moderno de los dispositivos que los laboratorios acaban de  fabricar.


Puede que esta reflexión mía no sea especialmente popular, pero lo cierto es que  yo creo que el hecho de  promover la normalización de la vida de nuestros hijos en tantos sentidos, supone también prepararlos para ella alejados de nuestra mano... por difícil que sea de aceptar, y por más miedos que a veces nos inunden la cabeza.

Nunca dormiremos tranquilos si no tenemos la seguridad de que saben valerse por sí mismos, y eso no lo conseguirán nunca si no los educamos para ello aunque sea  a base de acierto/error. En el fondo, ¿de qué nos vale llenarlos de cachivaches si a la hora de la verdad son incapaces de tomar una decisión autónoma porque están faltos de educación diabetológica?


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