martes, 19 de mayo de 2015

Tu eres fuerte...


Desde que debutó mi hijo, he tenido que explicarle a infinidad de personas lo que supone convivir con la diabetes. Si hablo en general, refiriéndome a la experiencia de los demás suelo ser más o menos imparcial, pero lo cierto es que cuando me refiero a la situación real que me toca vivir a mi, tiendo a dar explicaciones con mucha más carga emotiva. Y eso en sí mismo a veces resulta agotador, porque la mayor parte de las veces me encuentro frente a personas que no entienden lo que les estoy contando, o con otras que en su intento de animarme me sueltan aquello de...

- Tú eres fuerte,una madre coraje  y Dani tiene mucha suerte.

Y a mi se me vuelve a romper el corazón al darme cuenta de que en opinión de los demás, mi fortaleza es el puntal en el que se apoya el día a día de un niño que está entrando en la adolescencia, y que no siempre soy capaz de entender yo misma. Pero soy fuerte, y como lo soy debo afrontarlo con entereza y serenidad, cuando en el fondo lo único que quiero es desahogarme con quien me escucha sin juzgarme, y al lado de quien no tengo que ser más que una madre  que a veces se agobia, se equivoca y se cansa como cualquier otra. A veces creo que si no me muestro fuerte, voy a decepcionar a quienes creen que yo capitaneo un barco que sólo puede llegar a buen puerto conmigo al frente. Y no es así... yo también necesito un descanso, un momento para cerrar los ojos y escuchar el silencio, pero claro, eso supone desplazar momentaneamente la prioridad de mi vida, y no puedo hacerlo -evidentemente- además como soy tan fuerte, no tengo derecho a soñar siquiera con ello.
Me gustaría decir que no soy tan fuerte, que a veces lloro, que me duele la cabeza cuando hace calor y que paso muchas noches en vela que anticipan días de agotamiento y mal humor. Y no por ello desatiendo las necesidades de mi hijo, ni por supuesto voy a dejarlo al margen, porque siempre será lo más importante que tengo en casa.

La fortaleza no viene dada por la cantidad de guerras que se ganan, sino por la   cantidad de veces que conseguimos rehacer nuestra realidad y transformarla en un nuevo momento único, cuyo recuerdo nos devuelva el regusto de una sonrisa.

No pido más. Salvo un abrazo de cariño y comprensión cuando digo que no he dormido y que aún tengo 10 horas más de trabajo por delante. No soy tan fuerte como muchos creen... pero, eso sí, soy tenaz. Probablemente la que más. Y con eso paso a paso, voy tirando.

7 comentarios:

  1. LO UNICO QUE TE PUEDO DECIR ES ANIMO!! Y QUE DIOS TE BENDIDA SOY DIABETICA ESTADO DOS. SALUDOS

    ResponderEliminar
  2. Hola Ana: desde luego para sobre llevar esta enfermedad, me refiero a los padres, no hay nadie preparado ni tecnica ni emocionalmente. Es el día a día en el que te enfrenta a ella y te hace mas sabio y mas fuerte. La tensión permanente por las subidas o bajadas de azucar, las interrupciones de sueño por los controles nocturnos, el cansancio a la larga. Solo se supera por ese inmenso amor que tenemos por los hijos, con verles una sonrisa ya recobramos energía. Disculpa al entorno que no viven esta enfermedad, es como cuando se concibe un bebe hasta que no se tiene no se aprecia los sacrificios que conlleva.
    Por todo ello animo y fortaleza para afrontar esta penosa enfermedad, como algo contidiano de una familia diabética. Digo bien de una familia, porque la diabetes de un niño afecta a toda su familia.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Siempre tienes ese abrazo, lo sabes.
    Aa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que lo sé: Para ayudarme, para entenderme, para acompañarme, para tranquilizarme y para reconfortarme...

      Mucho más de lo que me hubiese atrevido a pedir.

      BF

      Eliminar
  4. Hola Ana, parece que tenemos varias cosas en común.... El nombre, un hijo diabético tipo 1 (el mio de 13 años), y esa desazón que de vez en cuando surge. Esa sensación de no llegar, de sentirte el pilar de la enfermedad, de no tener tiempo para ti misma. Mi madre un dia que me vió así y me dijo que ella también tuvo esas sensaciones sin tener un hijo diabético. Puede sonar frío y de hecho me enfadé con ella, le dije ¡tu no sabes lo que es esto!! Parece mentira que seas mi madre!!
    Ahora estoy convencida que mi madre llevaba razón. Tenemos unos hijos alegres, listos... Y sanos!!!! Y que crecen y se hacen mayores y debemos dejarles que asuman sus errores también con la diabetes. Tenemos que ir soltando lastre en todos los aspectos de su vida. Esto no es exclusivo para ellos, es para todos y las madres tenemos que aprender a hacerlo también, aunque nos cuesten muchas lagrimas como las que yo estoy limpiándome mientras escribo esto.
    Mucho ánimo Ana.

    ResponderEliminar
  5. Hol Ana
    Te entiendo perfectamente sin conocerte de nada.
    También soy madre de un niño de 12 años con diabetes y has descrito lo que es nuestro dia a dia.
    Solo decirte que no pierdas la esperanza y siempre siempre puede ser peor.
    Yo suelo preguntarle a mi hijo si es feliz y siempre me contesta, con una sonrisa, "sí mamá"

    ResponderEliminar
  6. Lo comparto en face siento lo mismo

    ResponderEliminar