miércoles, 4 de diciembre de 2013

Nuestra psicóloga vuelve a hablar sobre el miedo a las agujas y a los pinchazos:



Y volvemos a hablar sobre el miedo a las agujas y a los pinchazos. Esta vez en los niños más pequeños. Realmente puede resultar complejo hacer entender que se necesita inyectar varias veces al día, ya que el razonamiento de: “es por tu salud” les queda muy lejos de su mundo de lo inmediato y de lo visible.

En mi primera intervención en este blog hablaba de lo importante que es ofrecer a nuestros hijos el referente de tranquilidad que ellos no tienen en esos momentos (y que a los padres nos cuesta tanto adquirir, a veces). Creo que vale la pena trabajar nuestra actitud y los mensajes que queremos darles. Al igual que anticipamos lo que nos van a pedir en una entrevista de trabajo, aquí también vamos a anticipar qué es lo que puede pasar y cómo queremos abordarlo.

El problema que queremos abordar aquí es el que plantea una madre con una niña de tres años que se niega a comer, ya que asocia la comida al hecho de tener que inyectarse la insulina. Su razonamiento puede ser: si no como, no necesito pincharme, lo cual nos crea una situación cuanto menos complicada y estresante.

Existen diversas técnicas que trabajan las fobias y este tipo de condicionamientos, pero tratándose de niños tan pequeños (2, 3 o 4 años) no sirve cualquiera.

En estos casos, creo necesario reinventarse las veces que haga falta. Y recordar que estamos exponiendo a los niños a una situación diaria que no seduce a nadie; y ellos no tiene elección. Es sí o sí. Por eso, vamos a buscar minimizar sus efectos adversos.

Fotografía: Brais Seara

Algunas sugerencias: 

·         Ante las primeras dificultades, podemos hablarlo con nuestros profesionales de referencia (endocrino, nutricionista, personal de atención primaria, de psicología, profesorado…). La experiencia de cada uno de ellos en su ámbito nos puede enriquecer y dar opciones que no se nos van a ocurrir a nosotros solos.


·         En consonancia con las pautas terapéuticas que nos exigen, cabe la posibilidad de poder manejar ciertos intervalos de tiempos. Esto nos puede permitir introducir otra actividad entre la inyección y la comida. Esa otra actividad la buscaremos entre los posibles refuerzos positivos para nuestra niña o niño: un juego que le  guste, por ejemplo. Como hablamos de edades muy tempranas no es necesario dedicarle mucho tiempo a dicha actividad (5-10 minutos pueden ser suficientes).



·         Seremos más cuidadosos con los mensajes que le lleguen a la niña sobre la diabetes y  todos sus procesos. Nuevamente nuestra actitud se transmite a través de la comunicación no verbal (y verbal) de forma pasmosa.



·         Recordemos que queremos normalizar una situación que va a formar parte de nuestra rutina. No podemos permitirnos estar en estado de shock permanente; no delante de los hijos. Nuestros mecanismos de ventilación emocional tendremos que aprender a gestionarlos también y con horarios determinados si es necesario.



·         Ante la situación diaria que crea malestar, intentaremos ofrecer a los niños mensajes claros y concisos; olvidémonos de explicaciones largas en frases complicadas. Para ello, primero tendremos que tener claro nosotros los que queremos decirles y cómo queremos decírselo.

Se me ocurren algunas ideas a incluir en esos mensajes:

o   Es algo muy rápido: mientras tú cuentas hasta 5 (que ahora ya sabes), esto ya se termina.



o   Tomar medicinas es necesario: mamá o papá también toman medicinas que no les gusta, pero tienen que hacerlo, porque es bueno para ellos. (y también es rápido; ayúdame a contar mientras trago la pastilla, que sabe fatal).



o   Luego tenemos una recompensa: desde un aplauso, hacer la ola y el reconocimiento de la tarea bien hecha, hasta una comida o un postre que le guste, o jugar juntos.



o   Acompañar el momento de la inyección con un muñeco o peluche que comparta su suerte: también tiene que pincharse y el niño o niña tiene que animarlo para que lo haga y ayudar a superar su miedo. El muñeco también puede tener su “economía de fichas” donde vaya acumulando caritas sonrientes cada vez que lo pinchamos.



·         Podemos trabajar con nuestros hijos las técnicas de control emocional empezando por la relajación. Hay que tener claro que la ansiedad es compañera permanente en este tipo de situaciones; así que cualquier estrategia que empleemos dirigida a disminuir esa ansiedad (nerviosismo, tensión) es positiva. Por otra parte, cuanto más relajados estén los músculos, menos se siente el dolor. Únicamente tenemos que dar con la pauta que nos funcione a nosotros.

La guía de la Fundación Menudos Corazones nos propone un método rápido: 

Tu hijo aprieta tu mano y tensa el cuerpo mientras tú cuentas hasta cinco. Tú mismo puedes hacerle una demostración apretando y tensando los músculos al mismo tiempo. Pídele que mantenga la tensión durante un par de segundos. 

Luego, cuenta despacio de cinco a uno, relajando gradualmente la presión de la mano. Deja que todo tu cuerpo se relaje mientras tu hijo suelta el aire y también se relaja. 

Realiza este ejercicio un par de veces antes de que le pongan la inyección y repítelo mientras se la ponen, aspirando el aire mientras le limpian la piel, reteniéndolo, y expirándolo mientras le clavan la aguja. 

Otra buena técnica es pedir a tu hijo que imagine que hay una pluma en la parte de atrás de su mano, y luego le animas a soplar suavemente para retirarla, lo suficiente para hacerla volar. Esto ayuda incluso a la respiración de relajación. 

·         En el momento de acostarse, de estar un rato leyendo cuentos, podemos respirar juntos tranquilamente, para desactivarnos. Igualmente, cuando los niños tienen pesadillas podemos escenificar que borramos “lo malo” de su frente y podemos “dibujarle o colocarle” el pensamiento positivo que quieran (por ejemplo, un dibujo animado que vimos ese día, o un personaje de cuento que les guste mucho) y ayudarle a recrearse en esa historia divertida que tanto les gusta. Desde bien pequeñitos podemos enseñarles a que el pensamiento es algo a trabajar: cada individuo decide lo que quiere pensar.



Me encantaría poder ofrecer fórmulas mágicas, pero no las hay. De lo que sí estoy convencida es de que como madres y padres tenemos una labor importantísima. Podemos ayudar a que nuestros hijos desarrollen mecanismos de afrontamiento apropiados para sus circunstancias vitales.

A veces, a los padres nos falta conocimiento de este tipo de temas: gestión de emociones, estrategias educativas, cómo aprender a relajarse, el manejo de la ansiedad, el conocimiento de determinada enfermedad… Son cuestiones que, normalmente, no se enseñan en ninguna formación reglada. Pero se pueden aprender en cualquier momento. Y ahora es un buen momento para empezar: motivación no nos falta (qué mejor motor que un/a hijo/a) y nuestra capacidad está intacta (sólo un poco desentrenada).

Así que vamos a seguir intentándolo.

Victoria Canosa

Si queréis hacer alguna pregunta sobre este tema a la psicóloga, hacedlo a través de los comentarios (ella no tiene twitter), pero responderá desde aquí a cada consulta.

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