lunes, 25 de noviembre de 2013

No es oro todo lo que reluce

A lo largo del tiempo, he aprendido a soltar amarras e ir cediendo poco a poco el espacio que yo monopolizaba en la vida de Dani, para darle entrada a sus nuevas incorporaciones: los amigos, el resto de la familia, los observadores en la distancia... porque desde el primer momento he entendido que la educación en diabetes pasaba por ser un aprendizaje cuyo objetivo final es la absoluta independencia; pero claro al ir cediendo el control permanente sobre ellos y ofrecerles el margen que necesitan para auto gestionar su vida ¿cómo sabemos que están tomando las decisiones apropiadas? ¿Se le puede exigir a un niño pre adolescente la responsabilidad de actuar siempre bien en cada momento? El criterio juicioso que los padres llevamos por bandera ¿es algo que los niños deben comprender y respetar a todas horas?


Alguna vez he contado que mi hijo es un niño hipersensible al deporte, especialmente a la natación. Si se va a meter una hora en la piscina, a hacer 20 largos, puede comerse antes prácticamente cualquier cosa, porque saldrá del agua en valores fisiológicos. Esto es así (en él... ojo, no generalicemos)

En base a esto, resulta sencillo pensar que el efecto acumulado del deporte lo arrastra de forma permanente mientras se encuentra en estado de punto-forma. Y esto es bueno, naturalmente.

Pero claro, cuando los pre adolescentes empiezan a creer que tienen todo controlado, cometen errores basados en el exceso de confianza, que muchas veces no llegamos a considerar un problema porque -nuestro empeño de proporcionar autonomía- hace que descuidemos algo importantísimo: por encima de la confianza en su capacidad de gestión, y por más que deseemos convertirlos en adultos responsables... está nuestra condición de padres, que nos debe hacer ver y entender que sólo son niños, y que por tanto, también se equivocan.
¿A qué me refiero?

Dani llevaba unos días algo descontrolado, con unas hiperglucemias significativas, que no tenían razón aparente (como casi todo en esta enfermedad). Estudias el día a día, lo observas... y sigues sin entender como puede pasar de 300 a 45 en 4 horas, ¡Sin inmutarse!

Pregunto, claro... pero no sabe nada, no lo entendemos.

Así que aprovecho para fiscalizar el glucómetro cuando se va a la cama y me encuentro que, ha dejado de hacerse glucemias a la hora del recreo, por ejemplo, o antes de entrar en la clase de E. Física.Me duelen los huesos y me estalla la cabeza, sólo de pensar en los riesgos de ponerse a dar vueltas por el patio corriendo a todo meter en 40, o quizá menos. ¿Cómo será capaz de olvidarse de estas cosas? Entender esta actitud no es fácil para una madre, que trata de no buscar justificaciones a cosas que no la tienen, pero que tampoco quiere magnificar las cosas, porque es consciente de que, ante todo y sobre todo, su hijo tiene 11 años. El cuerpo me pide montar en cólera y explicarle una vez más los riesgos de una actitud pasota o dejada (de hecho hay un momento en que pierdo un poco el tono al hablar); pero estoy nerviosa y creo que si lo hago terminaré por decir cosas de las cuales me arrepentiré enseguida.Sin embargo, tampoco puedo permitir que esto continúe, es necesario que comprenda de forma inmediata que no puedo ser condescendiente con determinadas cosas.

Y así, una vez más, entre llantos y mil palabras salidas de entre los rincones que unen el corazón y la lógica, salen a la luz los miedos y las frustraciones de un crío que está empezando a echar de menos su "normalidad" pasada, y que ha decidido dejar su diabetes en un segundo plano, para conseguir ser aceptado e integrado en la tribu, de la misma forma que todos los demás. Sin diferencias.
Pero, las hay... porque él nunca ha sido un niño como los demás, para muchas personas él es único. Para mi, por supuesto.
La vida es un vaivén constante, ahora también. Ya sabemos que puestas sobre la mesa las cosas, no nos queda más remedio que volver al punto de partida y olvidar que una vez quisimos dejarlos volar solos hacia un horizonte que todavía no están preparados para alcanzar. Aún queda mucho por hacer. 
Pero llegará, claro que llegará. Todo llega...






5 comentarios:

  1. No podemos dejar de estar detrás, aunque sea así, mirando cuando ellos no están, le jorobe a quien le jorobe, aunque nos digan que los estamos mal acostumbrando, que ya tienen edad, etc. Yo también he comprobado que se "despistan" o se avergüenzan.

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    1. Es difícil no caer en la sobreprotección, porque pasan etapas en las que creen saberlo todo, tener los datos suficientes para autogestionarse.. y no es así.
      Son preadolescentes, o adolescentes que por encima de su diabetes tienen los intereses propios de su edad..

      ¡Es tan complicado en ocasiones no agobiarlos sin dejar de recordarles cuales son las actitudes apropiadas...!

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  2. Somos una sombra siempre a su lado y hemos intentar separarnos de ellos. Las separaciones no son faciles!!

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    1. No, no lo son. Pero en momentos son necesarias (para ambas partes) . Hay que hacer lo posible por promover su independencia y autonomía, a pesar de los errores...

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  3. Mi hijo tiene ahora 15 años, está en plena adolescencia. La hormona de crecimiento hace de las suyas generando por si sola distorsiones en la glucemia, sobre todo en la nocturna.

    Mi hijo compite en 1ª división cadete de fútbol, entrena duro y el deporte exigente le produce fuertes subidas nada más concluirlo y a las 2-3 horas de finalizar hipoglucemias.

    Cuando sale con los amigos cada vez 'se olvida más' el glucómetro en casa, lo que nos llena de inquietud y desasosiego. Le puede más el ser igual a todos, el no ser el distinto.
    Nos tenemos que ir acostumbrando y educando...

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