jueves, 12 de septiembre de 2013

En el cole de nuevo.

Ayer fue día de retorno. Vuelta al cole como cada mes de septiembre y regreso a la actividad del curso: al comedor escolar, a la natación de los martes y jueves, al grupo de conversación en inglés, a los deberes, exámenes, trifulcas con los amigos, cumpleaños... la vida misma de todos los días.

En verano hemos tenido unos controles muy estables porque el nivel de ejercicio ha sido estable y permanente así que, hemos reducido las necesidades insulínicas casi al 50%. Pero claro, ya no es posible levantarse y desayunar debajo de los pinos, ni saltar en la cama elástica hasta la hora de meterse en la piscina. Hay que volver a la realidad, y eso va a suponer (ya lo ha hecho) cambios sustanciales en su rutina).

 
 Ayer los nervios del comienzo tuvieron a Dani en hiperglucemia desde la noche anterior. Por encima de 200 durante casi 24 horas, intenté que se relajara pero... ¡Cómo le dices a un niño que ha dormido mal, ansioso por ver a sus colegas que se tranquilice! Antes de lo previsto estaba despierto, con sueño, pero en pie. El día comenzaba agitado, porque lo único que tenía previsto era acudir a la presentación en su cole, cuya clase era la misma del curso pasado, puesto que entra en 6º de Primaria y al no haber cambio de ciclo no hay variaciones ni con la tutora ni con los compañeros.
Pese a todo, estaba espídico.

En nuestro caso no tenemos problemas de ningún tipo en el colegio: todos sus profesores saben que Dani tiene diabetes, y actúan con él de la forma en que el protocolo les indica. Lo que supone una tranquilidad infinita para nosotros y para ellos. Sé que hay otros coles en que los niños tienen problemas para dejar el glucagón en la nevera, o para medirse la glucemia en clase o para comer una galleta en medio de E.física por ejemplo; pero no es nuestro caso. Dani tiene cubierto todo este tema, hasta el punto que durante la etapa de debut le tenían en clase -sobre la mesa del profe- un plato con fruta para una emergencia. No es lo habitual, lo sé, pero es la realidad que a nosotros nos toca, y por eso me parece justo reconocer el apoyo del colegio en este sentido.

Poco a poco el niño ha ido cogiendo autonomía, así que se lleva suplementos en el bolsito y los va manejando con soltura en función de la actividad de cada momento. Está claro que antes de ir a nadar, por ejemplo, se mide y toma lo que necesita para  poder completar el entrenamiento, pero... no deja de hacer actividades que le gustan por problemas derivados de la infraestructura escolar. No es el caso.

Este año, como el pasado, cuando debutó; hablaré con su tutora y le comunicaré cual es la situación del niño en este momento.  Como cualquier madre, por supuesto. Ella sabe perfectamente como actuar, y han aprendido a convivir y a trabajar con Dani de la misma forma que con cualquier otro alumno, apoyando sus necesidades especiales (que por fortuna son puntuales) y dejándolo desarrollarse íntegramente como persona el resto del tiempo.
 A los padres y madres que no tienen tantas facilidades como yo, les sugiero que se sienten con los profesores  y les expliquen qué les pasa a nuestros chicos desde la tranquilidad y el sentido común. Soy consciente de que muchos centros no facilitan las cosas, pero también es verdad que muchas veces el nivel de estrés de los padres hace que planteemos la situación con una carga de preocupación y drama que puede asustar a las personas que no saben qué es ni como tratar a un diabético *.

El curso empieza como cada año, para todos: alumnos, profesores, padres y sociedad en general. Hay muchas cosas por hacer, y probablemente debamos arrimar el hombro entre todos, pero... quizá lo primero y más urgente sea precisamente relativizar las cosas y cubrirlas de equilibrio y sensatez.

TRANQUILIDAD,
EQUILIBRIO,
SENSATEZ,
CALMA....

Creo que patiendo de ahí llegaremos mucho más lejos que si lo hacemos del  agobio o el miedo. Nos necesitan, y nosotros estamos deseando ayudarles.

¿Qué os parece si empezamos por nosotros mismos y luego seguimos caminando de la mano, mirando al futuro con energía positiva?



 * Aludo a los chicos con el apelativo de "diabéticos" y no sólo "personas con diabetes" porque, he llegado a la conclusión de que tampoco podemos ir por la vida en plan puristas del lenguaje y perdiéndonos en cosas que a fin de cuentas no revisten trascendencia. Nadie, y menos yo por Dios... hablando de mi hijo o de otro cualquiera, tengo intención de ser peyorativa. Simplemente quiero decir, que la palabra no identifica a la persona, ni lo convierte en mejor o peor. Ninguna: ni diabético ni persona con diabetes... él es él, por tanto igual debemos perderle el miedo a decir las cosas con normalidad, si pretendemos reivindicarla para nosotros como colectivo y familia.

Sin más, eh... tampoco quiero enjuiciar a otras personas que tienen un criterio distinto, simplemente expongo el mío.

Fuera prejuicios lingüísticos...


 

3 comentarios:

  1. Excelente.
    Me encanta eso de:
    TRANQUILIDAD, EQUILIBRIO, SENSATEZ, y CALMA...
    Un saludiño Ana.

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    1. Gracias Gontzal, es imprescindible ser nosotros el punto de partida de todo lo que vayamos a reivindicar.

      En este sentido, y muchos otros, claro.

      otro saludiño para ti, e un bico.

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  2. Ana, no sé cómo lo haces pero leo tus palabras y me siento tan identificada, pero por otro lado veo que lo afronats todo mucho mejor que yo... Quisiera esa tranquilidad, equilibrio, sensatez... ¿Cómo se hace?.
    Gracias Ana,
    Montse

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