jueves, 28 de marzo de 2013

Habla la psicóloga: Comunicación Familiar


COMUNICACIÓN FAMILIAR

Un aspecto que nos va a ayudar siempre en la relación con nuestros hijos e hijas es el mantener una comunicación fluida en casa. Algo que hacemos continuamente, comunicarnos, no siempre es fácil, pero podemos mostrar una actitud receptiva hacia ello. Una buena comunicación familiar se valora como variable protectora y fortalecedora de un buen  desarrollo general en los niños y las niñas.
Me gustaría dejar aquí algunas consideraciones al respecto, para reflexionar.
Hablamos de relacionarnos entre personas: los hijos son hijos, pero principalmente son personas. No son de nuestra propiedad ni tienen menos derechos. Por ello, también los trataremos con el mismo respeto que queremos para nosotros. Con frecuencia se escuchan menosprecios o etiquetas con demasiada facilidad: “pareces tonto… es que no aprendes… eso te pasa por no hacer caso, ya te lo decía yo”. Son formas de hablar que favorecen el deterioro progresivo de una relación.
Si  tratamos con respeto, podemos exigir respeto. Si les pedimos que utilicen esas “palabras mágicas” que son  por favor y gracias, vamos a ponérselo fácil: la mejor manera de que las incluyan en su vocabulario diario es que las escuchen en nosotros, también diariamente.
Las discusiones ayudan a solucionar conflictos, siempre que sean discusiones bien llevadas. Para discutir no es necesario insultar, ni ridiculizar o menospreciar a la otra parte; ni gritarle. Padres e hijos estaremos muchas veces en desacuerdo; y eso es normal. Así que será interesante que empecemos a plantearnos en qué términos queremos que se desarrollen esas discusiones; porque, a priori, serán muy frecuentes a lo largo de nuestra vida como madres/padres.
Todos estamos en el mismo barco: padres e hijos. Pensemos constructivamente. No es cuestión de ver quién gana en un determinado asunto. Ese planteamiento conlleva que si alguien gana, alguien tiene que perder. En la mayoría de los casos podremos plantear un “¿qué podemos hacer?” que nos implica a ambas partes en la búsqueda de una alternativa asumible por las dos.
Elijamos el momento adecuado: no vale cualquier momento para hablar con otras personas, y con l@s hij@s tampoco. Acordémonos de escuchar (tenemos dos orejas y sólo una boca): cuando nos hacen una pregunta o se acercan a nosotros, vale la pena dejar lo que tenemos entre manos y dedicarles ese momento en el que, seguramente, se dé un mejor clima para escuchar y, si acaso, hablar.
Ser madres y padres implica tener una cierta autoridad. Pero esa autoridad puede perderse, mantenerse o recobrarse por la manera de comportarnos. Se mantiene o se recobra por la congruencia entre lo que somos lo que hacemos y lo que decimos. También ayuda el asumir los errores propios y reconocerlos ante l@s hij@s.
Cuando las discusiones no terminan en acuerdos, será crucial esa congruencia en nuestro comportamiento. Seamos firmes y coherentes en nuestras decisiones. Como en la  vida, nunca llueve a gusto de todo el mundo. Los hijos también aprenden a que las cosas no son siempre como quieren ellos. Y no pasa nada. Que no nos de miedo enfrentarnos a su enfado o a su malestar. Si miramos para otro lado, será cuando los conflictos se agraven y tengamos más difícil su manejo.
Dejemos que manifiesten sus sentimientos y emociones, aunque a veces nos puedan hacer sentir incómod@s. Lloros, risas, enfados, tristeza… si los hijos saben que aceptamos sus estados de ánimo será más fácil que estén dispuestos a compartirlos con nosotros.
Nunca es tarde para intentar comunicarnos mejor aunque, por supuesto, cuanto antes empecemos, mejor. Ser padre o madre requiere también de aprendizaje constante. Una actitud abierta a nuevas posibilidades facilitará esta tarea y nos ayudará a adaptarnos a las necesidades que tienen y que tendrán nuestras hijas e hijos, sean cuales sean sus circunstancias.
Un último apunte: humor, optimismo, confianza, tranquilidad y flexibilidad son componentes que definen un estilo personal positivo y que podemos añadir a nuestras interacciones con l@s hij@s. Igual que cualquier profesional mejora en su trabajo con la experiencia, también nosotros, en calidad de padres/madres podemos mejorar nuestras relaciones personales salpicándolas con nuevos ingredientes enriquecedores.



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