jueves, 14 de febrero de 2013

Habla la psicóloga.- Pautas básicas

Os comentaba hace un tiempo que tendríamos la colaboración de la psicóloga que atiende a Dani en un apartado del blog... y ¡aquí está la primera aportación!

Victoria Canosa, es Licenciada en Psicología y experta en tratamientos de diferente catalogación. Aquí tenéis un enlace a su página de FB:


por si quisiéseis hacer una aproximación más personal de vuestro caso.

Ahí mismo tenéis su contacto telefónico.
Si queréis comentar o preguntar algo sobre sus post, ella os irá contestando por el mismo sistema.

¡Bienvenida Victoria..... y mil gracias por tu apoyo !




Me invita Ana a escribir en este blog sobre lo que yo  quiera, en calidad de psicóloga.

Ni que decir tiene que agradezco muchísimo esta invitación, ya que, desde que lo conozco, este blog está entre mis “favoritos” en el ordenador.

No soy tan experta en diabetes como lo sois la mayoría de las personas que aquí escribís o comentáis cada noticia, pero intentaré acercar otra visión distinta de temas que nos pueden interesar, con el ánimo de seguir enriqueciéndonos y aprendiendo todos de todos.


La primera propuesta que me llega es la de hablar sobre la ansiedad y sobre el miedo que tienen algunos niños y niñas a las agujas y a los pinchazos.


Evidentemente, ¿a quién le gusta pincharse? A priori, no suena muy tentador, la verdad. Aquí tenemos un miedo hasta cierto punto normal: todos aprendemos desde bien pequeños que eso de pincharse no es algo bueno por sí mismo: puede doler, hace daño, sangras, normalmente se realiza en un entorno poco familiar y con alta tensión alrededor…



Por otro lado, el miedo es una de nuestras emociones básicas, fundamental para la supervivencia. Gracias al miedo escapamos de situaciones potencialmente peligrosas, o somos capaces de hacerles frente, ya que el organismo se adapta rápidamente a la nueva situación.

Un niño diabético tiene que aprender a convivir con las agujas de forma rutinaria sabiendo que, muy lejos de ser amenazantes, son unas grandes aliadas de su salud. Y eso, ¿cómo se hace?


Pues como casi todo: con mucha constancia; por parte de los adultos, claro. 


Constancia, paciencia, tranquilidad. Si queremos normalizar una situación determinada vamos a intentar que se rodee de cierta tranquilidad y sosiego. ¿Difícil? Vale, lo admito; pero no imposible. 


{De hecho, pensad cuántas situaciones difíciles habéis pasado en vuestra vida con anterioridad y, finalmente, las superasteis. Pues esta también la superaremos.}

En esta nueva situación tenemos que ser conscientes de que transmitimos todo a nuestr@s hij@s. Y “todo” es todo: lo que queremos comunicar (“tranquilo, lo estás haciendo bien”) y lo que no (actitudes compasivas: “pobrecito; qué pena”; actitudes nerviosas, resoplidos, prisas: “hija, ni que fuera tan difícil”…). 


{Por ello, es muy importante pararnos a trabajar un poquito con nosotros mismos, a la par que lo hacemos con nuestros hijos e hijas. Ell@s detectan muy bien nuestro estado de ánimo}

Como decía, el miedo es una emoción también necesaria en nuestra vida. Hay que reconocerla para luego poder vencerla y que no nos controle en exceso nuestra existencia. 


Los miedos patológicos se relacionan directamente con trastornos por ansiedad; y en  psicoterapia existen diversidad de técnicas para trabajarlos, por cierto, con bastante éxito.

De todas formas, en niñ@s que necesitan pincharse con frecuencia, ese miedo puede estar mediatizado por la situación global:

Detección de que algo no va bien ® pruebas médicas ® diagnóstico ® tratamiento ® reconocimiento de lo que nos pasa ® más tratamiento ® aceptación de lo que nos pasa ® sigue el tratamiento.


Por ello, es fundamental trabajar con ell@s el reconocimiento de su enfermedad: conocer sus implicaciones, intentar comprenderla, llegar a aceptarla. Y, por supuesto, todo pasa porque las personas de referencia más cercanas (padres/tutores) también la conozcan, la comprendan y la acepten.


Otro dato importante es que la ansiedad, el miedo o la tensión son incompatibles con la relajación. Cuanto antes enseñemos (y aprendamos) a reconocernos en un estado de relajación y tranquilidad, estaremos facilitando la tarea de adaptarse a lo nuevo, sea lo que sea.



Podemos dar aquí algunas ideas que ayudan a superar el miedo en nuestr@s niñ@s (y también en los adultos):


- Identificar los beneficios del tratamiento. Aquí se incluye el conocimiento sobre la enfermedad. Dejar por escrito las ventajas y desventajas de seguir determinado tratamiento puede favorecer su continuidad.

- Potenciar, desde la más tierna infancia, la seguridad en sí mism@s. Que se sepan capaces de hacer cosas y realizar retos nuevos. Una adecuada autoestima es una aliada inestimable ante cualquier situación.

Potenciar su capacidad de decisión. Que se den cuenta de que es cada persona la que decide lo que quiere pensar en un momento determinado. Eso nos permite distraernos o pensar en algo agradable cuando así lo decidamos.

- Enseñar a respirar. Las técnicas de relajación comienzan por el reconocimiento de nuestra propia respiración. Un acto que realizamos continuamente puede convertirse en una poderosa herramienta en momentos críticos.

Reconocer los beneficios de la relajación y practicarla. Al hilo de los puntos anteriores, el hecho de tener escritas las ventajas de aprender a relajarse puede ser reforzante, empezando por el hecho de que se siente menos el dolor.
- Reconocer y aceptar las emociones, también el miedo. En nuestros hijos y en nosotros mismos. Todas las emociones son positivas. Simpelemente necesitamso aprender a gestionarlas para que no nos desborden.
 - Utilizar la imaginación. Sobre todo con los más pequeños, podemos inventar historias en las que impliquemos a sus juguetes. Por ejemplo, su muñeco favorito puede necesitar una inyección para tener fuerzas; luego de la inyección, nuestro hijo será el que tranquilice al muñeco.

- Realizar aproximaciones sucesivas a la conducta deseada. A veces es necesario un largo recorrido para superar el miedo; nuevamente aquí se requiere constancia, paciencia y tranquilidad. Cada individuo tiene un ritmo propio de adaptación; no nos desesperemos y sigámoslo intentando.

- Pedir ayuda. Muy lejos de ser una muestra de debilidad, hablar con otras personas nos enriquecerá y favorecerá un mayor bienestar.



Como veis, hay multitud de posibilidades; aunque me gustaría resaltar una entre todas: nuestra actitud. No hay nada que enseñe mejor a un hijo que el ejemplo que ve en casa. Si nosotros nos enfrentamos a nuestros miedos, será más fácil que ell@s también los enfrenten y los superen.








15 comentarios:

  1. Me ha encatado .
    Seguro q lo volvere a leer!!!!
    Elisa

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  2. Ana Skette, tienes un blog magnífico. Gracias a tí por tu aportación.
    Me encanta. Tranquilidad, sosiego, constancia, imaginación...

    Fernando Santos Guzmán

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  3. Gracias Ana por presentamos a Victoria se nota que es una Gran profesional
    Loli Rubio

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  4. Rosa Conde
    en resumen, lo que he sostenido siempre: o le damos a esta dolencia la importancia de "problema" no de "enfermedad", quitándole todo el hierro posible y nos olvidamos del "pobrecitos" y lo incorporamos como un elemento normal de nuestra vida diaria ...o los niños nunca se considerarán normales, y yo sostengo que lo son (y con una vida más saludable que la mayoría), pues no faltaba más

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  5. Muchas gracias por vuestros comentarios.
    Victoria Canosa

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  6. ¡Encantada Victoria!

    Es un placer leer el blog de Ana pero ahora lo es doblemente ya que podemos obtener ayuda de una profesional a la que muchas personas no podemos acceder por diferentes motivos.

    Ansiedad y miedo son las palabras que mejor definen mi vida, has comenzado por el miedo a las agujas uno de nuestros miedos, pero hay mil.

    Una de las cosas que más me preocupa son las posibles hipoglucemias nocturnas, no me dejan descansar y eso acarrea sus consecuencias el resto del día ¿cómo podría controlar esa ansiedad nocturna? después de seis años y medio sigo igual o peor que el primer día.

    Gracias de antemano, Victoria, te adelanto que tengo mil dudas y miedos por resolver.

    Un abrazo,

    Montse Lora

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    1. Gracias Montse. A todas nos preocupan las mismas cosas...

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    2. Bueno Montse, intentaré aportar algo de luz a tu cuestión. Yo intento una aproximación y tú ya me vas diciendo si mi respuesta es acorde con tu demanda, ¿vale?
      El tema de las hipoglucemias nocturnas entiendo que es una preocupación constante pero que, pasado el tiempo, podamos llevar cada vez mejor, y no al contrario.
      Considero que es una cuestión médica y que, como tal, requiere el seguimiento pertinente con nuestra educadora y nuestro personal sanitario de referencia.
      La intensidad de nuestra ansiedad y nuestro estrés al respecto, dependerá, en gran medida, del nivel de control que tengamos de esa cuestión médica (a más control, menor miedo y ansiedad).
      Bien, creo que lo que nos desgasta más es la incertidumbre que por la noche (¡cada noche!) nos asalta con un “Y si… pasa algo?”.
      Puesto que hay una parte de la situación que realmente no podemos llegar a controlar al 100 por 100 (qué pasa en el organismo de nuestros hijos a cada hora; cómo le afectará la última dosis de HC, si será suficiente; si se producen cambios hormonales que puedan afectar a la absorción de la insulina, etc.), podemos intentar mantener unos controles nocturnos mínimos, por sistema, que nos aporten mayor seguridad.
      En mi opinión, si nos marcamos unas pautas fijas (aunque flexibles) durante determinado tiempo, obtendremos mayor beneficio porque disminuimos nuestro nivel de incertidumbre y el tiempo de sueño será de más calidad. Podremos relajarnos. Por poner un ejemplo, me puedo marcar por norma realizar un control de glucemia a las tres de la mañana. Todo esto, por supuesto, consensuado con el equipo médico que será quien mejor nos pueda guiar.
      Es mejor esto que seguir recreándonos en todas las posibilidades negativas que se pueden dar y que son las que nos mantienen en un estado de tensión permanente que, tarde o temprano, nos pasará factura.
      Por otra parte, resulta más que conveniente que trabajemos estrategias personales para manejar nuestra ansiedad y así sacar partido de las opciones que nos puedan ofrecer desde el equipo educativo. Por lo que dices, puede que te hayas dejado llevar por pensamientos negativos y desproporcionados que nos están limitando muchísimo nuestra calidad de vida. Me gustaría transmitirte que cabe la posibilidad de afrontar mejor las situaciones. Si hay personas que pasan por circunstancias similares y lo afrontan mejor, sufren menos, optimizan mejor sus recursos,… ¿por qué no nosotras?
      Un saludo de Victoria Canosa.

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    3. Victoria, muchas gracias por tu pronta respuesta.

      La verdad es que, como bien dices, debo intentar controlar esa ansiedad y los pensamientos desproporcionados, hay que tomarse las cosas en su justa medida dentro de la importancia de esta enfermedad, aunque conviviendo tantos años con ella se aprende que, aunque se sigan unas pautas, es una enfermedad muy caprichosa y nada matemática, de ahí esa ansiedad. también juega en contra la corta edad de mi hija que no advierte las hipoglucemias.

      Pero, sin duda, hay que intentarlo, nos lo merecemos todos.

      Un abrazo,

      Montse

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  7. Bo día, levo seguindo o blogue case que dende o comenzo, son mestra e ás veces atopamonos con casos de Deabetes, e nós non temos toda a información ao día, así me gustaria me axudaras con dúas consultas:

    Que riscos poden sofrir sin un control adecuado e sobre todo como se veria reflectido na vida escolar? E cal sería o protocolo e actidude a seguir nunha aula cun neno afectado? ( Só estiven cunha persoa na aula e non foi agradable, xa que non tiña pautas nen un control exahustivo ou correcto, xa que a falla de información era tan grande para a familia ,coma para o profesorado)

    Agradezo de ante mán a resposta, un saúdo e parabens pola iniciativa.

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    1. Rochi, en este caso te voy a contestar yo, porque lo que tu presguntas no es algo directamente relacionado con la especialidad de Victoria, ¿te parece?
      El riesgo principal de un alumno con diabetes, suelen ser las oscilaciones de glucosa. La hipoglucemia severa podría llevar al coma al paciente, y en este caso hay que ser ante todo FRÍOS, y TRANQUILOS, para actuar con celeridad y eficacia.

      1º) Determinar que está en hipoglucemia, si no es muy fuerte, es suficiente con darle algún hidrato de carbono rápido, seguido de uno lento para que la subida de glucosa sea inmediata y se mantenga más tiempo
      2º) Si el paciente queda inconsciente es imprescindible recurrir al glucagón. En este caso, antes de nada es necesario un protocolo de acción inmediata que saque al niño de la situación en la que se encuentra. Coger inmediatamente la ampolla de glucagón de la nevera del colegio, cargarla con el vial que trae dentro e inyectársela en una pierna por ejemplo. Inmediatamente llamar al 112.

      Esta es la pauta básica de actuación cuando se produce una hipoglucemia en horario lectivo. No alarmarse, y actuar con prontitud.

      Respecto a las pautas nutricionales así como las relativas al ejercicio físico, son pautadas por sus equipos en cada caso. Corresponde a los profesores de E. Física, la vigilancia de los alumnos en su clase (en caso de los pacientes con diabetes, de una forma más exhaustiva) y permitirles realizar sus autocontroles siempre que sea necesario. También es necesario cierto margen de flexibilidad a la hora de permitirles interrumpir la actividad física que están realizando, si los pacientes consideran que necesitan ingerir algún suplemento energético, o por supuesto, facilitarles las condiciones más apropiadas para que se puedan poner los bolos de insulina en caso de hiperglucemias para corregir los niveles de glucosa en sangre, y poder realizar ejercicio sin problemas.

      Sería bueno, promover una serie de reuniones en colegios, para instruir a los profesores sobre este tema, y darles pautas tranquilizadoras y resolutivas que les hagan perder el miedo a actuar ante situaciones de este tipo.

      De todas formas te diré, que afortunadamente...... no es habitual que pase algo.

      Besiños.

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    2. Boas tardes Rochi,
      Dende logo o profesorado tendes unha labor de gran responsibilidade e de moita importancia, xa que estades moitas horas coas nenas e nenos.
      Neste caso que comentas, a vosa trascendencia e, se cabe, maior. Un profesorado implicado resulta un axente moi motivador para que unha familia se plantee a necesidade de iniciar un traballo educacional imprescindible para o benestar do alumn@.
      Moitas grazas polo teu interés.
      Victoria Canosa

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  8. Hola Victoria:
    muchas respuestas por tu parte a a preguntas que se me plantearon cuando mi hija debutó con la diabetes.Han pasado casi siete años y hemos ido superando cada bache.Pero también irán apareciendo otros.Por referncia de otros casos sé que llegarán episodios como el comer a escondidas,no quererse poner insulina cuando salga con sus amigas...Ante este tipo de situación y teniendo en cuenta esa edad dificil que es la adolescencia
    ¿de qué manera y desde nuestra posición como padres debemos actuar?.

    Sonia Riquelme
    Gracias por tu aportación

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  9. Pues nuestro papel será el de padres implicados en todo lo referido a los hijos e hijas. Como hasta ahora.
    Seguramente en el día a día nos damos cuenta de que los niños, según va llegando esa edad de adolescencia temprana, protestan más, rebaten nuestros argumentos (y con buenos contraargumentos!), ya no dependen tanto de nosotros, les gusta estar más con sus iguales, piden más cotas de responsabilidad, y nosotros, seguramente y de forma paulatina, vamos ofrenciéndoselas; responsabilidad y capacidad de decidir: si hay cuestiones que se pueden negociar, pues ¿por qué no?. Eso les hará sentirse capaces y con más seguridad en sí mismos.
    Nuestra manera de abordar los problemas que van surgiendo tiene que pasar por mantener una buena comunicación y buenas dosis de confianza mutua. Y eso hay que trabajarlo desde que son bebés.
    Y no me refiero sólo a las cuestiones que tengan que ver con la diabetes; no podemos “compartimentar” a las personas. Considerarlos responsables y preparados para muchas cosas y mantenerlos dependientes cuando de la diabetes se trata. Desde el debut de la enfermedad nos orientamos a enseñarles todo lo que tienen que saber sobre ella (y aprenderlo nosotras, claro). Llegará un momento en el que puedan abordar sus cuidados sin la supervisión continua de los adultos. Y ahí tendremos que superar nosotros el miedo que nos entra en el cuerpo sólo de pensarlo. Pero tranquila, como las responsabilidades las otorgamos poco a poco, no nos va a resultar tan drástico el cambio. (De hecho, piensa en todas las cosas que han cambiado desde que empezamos con nuestro proceso, hasta hoy. Impresionante, ¿eh?)
    Bueno, las situaciones difíciles que tu planteas, u otras, se van a dar en algún momento porque, quizá, sean necesarias para aprender a no repetirlas. Y para las etapas difíciles, donde percibamos mayor rebeldía o más conflictividad (eso de: “siempre que empezamos a hablar del tema, terminamos discutiendo”) pues podemos plantear la alternativa de buscar otro interlocutor. Cuando parece que lo que dicen los padres no tiene tanta validez, bueno será que aceptemos esa etapa y que intentemos que los compromisos que adquiera nuestra hija sea con otra persona que la joven tenga en buena consideración. Y estoy pensando en cualquier figura del equipo médico y/o educativo que tiene de referente. Son personas que poseen una capacidad motivadora que los padres, en la etapa adolescente, pierden en parte.
    Pero, por supuesto, los padres seguís siendo importantísimos para vuestros hijos (aunque ellos no se den cuenta) y sobre todo en esta etapa de cambios continuos podéis ser el gran referente al que acudir cuando todo lo demás se tambalee.
    Desde luego, ante situaciones como las que comentas, tenemos que poder sentarnos frente a frente con nuestra hija y poder buscar juntas posibles soluciones (evitar “poner el grito en el cielo”). Preguntarnos con ella: ¿qué podemos hacer? ¿a qué nos podemos comprometer? ¿qué alternativas se te ocurren? ¿hay algo que podamos hacer para que te sientas mejor?...

    En fin Sonia, podía seguir hablando hasta hacer una entrega por fascículos!. Yo lo que quiero transmitirte es que si nos acercamos a conocer un poco más los sentimientos y emociones de nuestra hija, todo resultará un poco más fácil; y que siempre siempre hay algo que se puede hacer para mejorar una situación dada.
    Un saludo de Victoria Canosa

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  10. Gracias Victoria.Me quedo con con lo q comentas en el ultimo parrafo, "siempre hay algo que se puede hacer para mejorar".
    un abrazo
    Sonia Riquelme

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