miércoles, 20 de febrero de 2013

Encuentros fortuitos

Cuanto más pienso en las cosas que debo tener en cuenta cada mañana, más me inunda la sensación de que en algún momento algo me dejaré en el tintero. Cualquier día, que me levante cansada, o falta de concentración, me olvidaré de alguna cosa que a Dani le resulte imprescindible, o -lo que es peor- meteré la pata, al tratar de improvisar soluciones sobre la marcha para las cuales aún no estoy preparada del todo.

Supongo que son miedos normales, fruto del exceso de responsabilidad que tenemos las familias ante situaciones como esta, que nos obligan a ser tan rápidos en la resolución de problemas, como eficaces...

Ayer me encontré con un amigo de la infancia. Hacía tiempo que nos habíamos perdido la pista, así que -durante el breve espacio de tiempo que coincidimos- nos pusimos al día haciendo un resumen abreviado de nuestra vida desde entonces.  Me contó que acaba de regresar de Estados Unidos, donde ha vivido durante los últimos años, en una comunidad religiosa a la que pertenecía su mujer. Por amor, él aceptó las circunstancias que rodeaban a la persona con la que quería compartir su vida; y pasó años haciendo concesiones a un modo de vida que no compartía, por el simple hecho de que hacía feliz a la persona que creía amar, y a los hijos nacidos de ese matrimonio.

Pero llegó un punto, en que se dio cuenta de que las concesiones eran siempre en favor de la otra parte, y que las demandas que él planteaba no eran nunca correspondidas. Pretendió traerse a la familia para España, pero ellos no querían venir, y cuando les comunicó que aquella situación de dependencia hacia la comunidad, no era sostenible por más tiempo para él, y que se vendría sólo, le reprocharon egoísmo al no poner de su parte  lo suficiente para mantener unida la familia que siempre había estado junta.

Y él se quedó perdido, en medio de lo que quería hacer, o lo que dejaría atrás, sabiendo que fuese cual fuese la decisión tomada, sufriría, y haría sufrir a otros.

¿Y qué tiene esto que ver con nosotros y la diabetes? Nada, supongo... más allá de la constatación de que -por unas cosas o por otras- todos debemos aceptar el hecho de vivir acorde a nuestras realidades en cada momento, y aprender a vivir con ellas... no para ellas.

Y asumir que debemos tomar decisiones, aunque no siempre estemos seguros de que vayan a resultarnos fáciles, o apropiadas.

Simplemente, son necesarias...

 

 

4 comentarios:

  1. Hoy la reflexión me gusta, como siempre, pero, chica, la foto es.... una pasada. Habla por si misma, de estar atada al suelo, pero con ganas de que el viento te levante el vuelo y te despegue.

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    1. ... Ni yo misma lo había pensado con la misma poesía..

      Un beso enorme Esthercita. O mil

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  2. Ana, date cuenta que tus pensamientos y temores empiezan con un “y si…” “y si un día no estoy centrada y me olvido de algo importante…” Ese tipo de pensamientos, de por sí, nos restan eficacia. Centrémonos en las realidades. Y la realidad es que, hasta ahora, las cosas han salido bastante bien. Y, cuando no, nos hemos dado cuenta y hemos cambiado de rumbo para buscar mejores resultados. A eso se le llama afrontar positivamente los problemas y, sin duda, favorece su resolución. Victoria Canosa

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    1. Jope Victoria... siempre tienes la palabra perfecta y la respuesta adecuada. A veces es necesario que alguien te refresque las cosas evidentes para darnos cuenta de que a veces no es tan complicado afrontar la vida.

      Muchísimas gracias. Un besote.

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