lunes, 14 de enero de 2013

Un nuevo comienzo


Decíamos que la diabetes no es algo que deba suponer un cambio extraordinario en nuestro orden de prioridades, ni desde luego en nuestra escala de valores. Sin embargo, es cierto que -por momentos- monopoliza nuestro día a día de una forma tan absoluta que apenas podemos pensar en otra cosa.

Sin embargo la vida sigue, las realidades son las que son y por tanto en un proceso normal de evolución y progresión personal hemos de asumir esta cuestión como lo que realmente es: algo casi anecdótico en relación a las otras cosas que suceden a nuestro alrededor y de las que no podemos sustraernos.

Voy a contar la historia de una niña a quien he conocido hace apenas unos días; se llama Marina.

Una tarde cualquiera durante las vacaciones de navidad, llevé al parque a Dani y a mis sobrinos. Todos jugaban y corrían alrededor de los columpios, mientras las mamás se ocupaban de recordarles una y otra vez la necesidad de merendar. Con el bocata en la mano y los ojos  en el rocódromo, todas las personas allí reunidas, hacíamos guardia  mientras los chicos se entretenían.

Mi hijo se acercó sudando a pedirme agua; llevaba una hora larga de ejercicio intenso. Tomó un trago a la carrera, mientras yo le preguntaba en un tono de voz normal:

- ¿Te sientes bien o te notas bajo...? Has llegado a la merienda con 76 y no has tomado más raciones de lo habitual;  Si sigues a este ritmo tan intenso en media hora ven a tomarte un trago de zumo, ¿vale?
Asintió con la cabeza y se fue de nuevo a corretear detrás de sus amigos, subiendo y bajando de un lado a otro.

La señora que estaba a mi lado escuchó la conversación, me miró con ojos cómplices y me dijo
- Señora, su hijo es diabético ¿verdad?
- Tiene diabetes, sí -le contesté un poco recelosa-
- Es que mi hija también la tiene -continuó ella- es aquella de allí.

Me fijé en una  niña sentada en la parte de arriba del castillo de madera. Pensé que tendría unos 8 ó 9 años, observaba a todos los demás mientras comía algo que me pareció un cucurucho de golosinas.

-He tenido que prometerle que le daría unas gominolas para motivarla a salir de casa, lleva sin querer moverse de ella desde que le dieron las vacaciones.

La conversación entre nosotras continuó... la mujer me contó que Marina había debutado hacía un año, justo cuando sus padres estaban en pleno proceso de separación. Al enterarse de la noticia, decidieron afrontar el debut juntos, y aplazarlo un tiempo hasta que la niña hubiese estabilizado su situación. Pero al poco tiempo comprendieron que esta carrera de fondo no iba a pararse en un momento dado, sólo para que ellos pudiesen arreglar sus problemas, y por tanto no les quedó otra alternativa que afrontar la decisión tomada, independientemente de la tia Betty.

La chiquilla no sólo había tenido que asumir una circunstancia que la tenía tan desconcertada como a cualquiera, sino que además, había llegado a culparse de la decisión de sus padres... y para evitar el mal indeseado del divorcio, había llegado a intentar manipular a uno y otra negándose a ponerse la insulina, y comiendo lo que le caía en las manos, para provocarse hiperglucemias que la llevarían al hospital, y que requerirían la presencia unida de los dos.


Mientras los chicos seguían jugando, aquella mujer se desahogó conmigo, en un extraño momento de comunión que me pareció incluso excesivamente cercano... tuve la impresión de que sentía la necesidad de hablar con alguien que pudiera entenderla desde la empatía y la complicidad. Y me eligió a mi... 
La niña seguía sentada en el mismo sitio, ajena al frío que empezaba a llegar, y alejada de los juegos en los que se implicaba el resto. Seguía comiendo gominolas, y mirando perdida al vacío. Su madre esperaba pacientemente a que se terminase la bolsa de chuches y decidiese bajar. No podía hacer nada.

Aquella situación angustiosa y desoladora me llevó a preguntarme en qué medida influyen los cambios no deseados, en el estado anímico de los hijos. Y desde luego, a plantearme la dificultad extraordinaria que conlleva tomar algunas decisiones que sabes les afectarán tanto si aciertas como si te equivocas.

Hoy he vuelto a pasar por el mismo parque, y el recuerdo de la niña subida en lo alto de aquella estructura volvió a mi mente..

Me pregunto si hoy será un poco más feliz.

O quizá si debí haber hecho algo más para ayudarla...

2 comentarios:

  1. No se tu Ana a mi me has dejado hecha polvo que situación más dura para esa niña y su madre por que aunque una separación es cosa de dos quien esta con la niña minuto a minuto es la madre y creo que necesita mucha ayuda y la niña más BIEN BENIDA te echábamos de menos FAN N 2

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    1. A mi también me pareció durísimo... triste y descorazonador. Y cada vez que paso por allí lo recuerdo, y el recuerdo forma parte de mi presente.

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