viernes, 14 de diciembre de 2012

Luchar contra los elementos

Una de las cosas más difíciles a las que me enfrento,  ahora que estoy inmersa en este proceso de educación diabetológica, es conseguir que todos los miembros de la familia mantengan una cierta  unidad de criterio y actuación.

No parece lógico pensar que ante una orden dada por uno de los padres, otro miembro de la familia la  ponga en entredicho con palabras o actitudes que sitúen al niño en la tesitura de dudar, o lo que es peor, adjudicarle a unos el rol de "jefes tiranos" y  a los demás, el de complacientes y comprensivos colegas.

Yo vivo a diario esta dualidad. Me toca ser quien da las órdenes, y consecuentemente, quien vela por su cumplimiento. Pero ¿cómo puedo hacerlo si a mi alrededor  siempre hay algún satélite dispuesto a  justificar las actuaciones incorrectas en base al argumento "es un niño" o "pobrecito" .... o lo que es peor... "está enfermo"? Con frecuencia me pregunto, si quienes piensan así, se han parado a pensar que por encima de todo yo SOY SU MADRE. Y que por lo tanto, nadie en el mundo está más cerca que yo de los sufrimientos de mi hijo, ni de sus temores, preocupaciones o inquietudes. 

Y por eso, precisamente porque es mi hijo, y porque no puedo permitir que la diabetes domine su vida; me veo en la obligación de actuar con  firmeza en ocasiones. Soy consciente de que está pasando un momento malo, de confusión y obstinamiento. Pero también sé que esto es circunstancial, y por tanto más tarde o más temprano volveremos a vivir con los mismos parámetros de antes, a los que habremos añadido alguna que otra nueva rutina... ¿Pero alguien puede pensar que le preocupa mi hijo más que a mi?.

Desde que Dani debutó, he tenido más de un enfrentamiento verbal con miembros de la familia, o allegados a ella, que me consideran poco menos que una dictadora intransigente porque  no dejo que el niño se salga siempre con la suya. No acierto a comprender, en que punto creen ellos que se mezclan la educación y la diabetes: francamente, me pierdo.

Y yo, que cuando me canso de dar explicaciones absurdas (por lo evidentes, quiero decir) tiendo a ponerme un tanto brusca, y termino por enfrentarme a personas a las que antes les pasaba determinados comentarios o actitudes, simplemente porque no tenía ganas de discutir. Ahora me da lo mismo. Si yo creo que es bueno para Dani, me pongo el mundo por montera y le digo a quien sea lo que me parece apropiado.Tengo el refrendo de sus médicos, su educadora y el sentido común... en realidad casi todo el mundo lo entiende, menos quien debería tenerlo claro. Supongo que esto también es un temporal que irá amainando con el tiempo, sólo que cuando se acumulan demasiados frentes abiertos, tiempo es precisamente lo que menos se tiene. Y paciencia... que también de esto voy algo falta.
Todas estas cosas, que forman parte del día a día más absolutamente normal, terminan por provocar un desgaste que pasa factura en el cuerpo y en el ánimo. Y consecuentemente a veces, cuando te das cuenta de que no sólo te enfrentas al mundo, sino que además tienes que luchar contra los elementos, te dan ganas de bajar los brazos y  dejar de batallar.

Al instante reaccionas, con sólo mirar a tu hijo, y cambias de opinión, pero... ¡qué difícil es a veces ejercitar la paciencia, mirar para otro lado, y respirar hondo...!






6 comentarios:

  1. Con permiso creo que tienes que hacer una sentada familiar sin menores y poner las cosas claras en plan o nos ponemos de acuerdo o lo mando todo a carajo por que lo que esta en juego es la salud de una personita y aun que cueste mucho nunca dejar ver que sentimos pena por su enfermedad, si es muy duro pero eso es perjudicial para el niño en este caso nuestro momentos de flaqueza son solo nuestros no podemos dejar que ellos se den cuenta. Anímate y pon las cartas sobre la mesa.

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  2. Lo haría si fuese mi familia biológica, (no tendría ni tengo este problema), pero no es tan fácil cuando se trata de la familia política...

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  3. Ana yo voy ser breve tu familia no lee lo que tu públicas lo entenderían todo y se darían cuenta que estas haciendo lo correcto Mucha fuerza Fan N2

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    1. Pues.....no,
      mi familia ni lee lo que yo escribo ni tampoco tiene el menor interés en hacerlo. Ellos tienen su criterio, piensan que su actitud sobreprotectora y condescendiente es la única válida para convertir a mi hijo en un "niño feliz", y con esa actitud, la colaboración e interacción entre nosotros es algo así como Cero Patatero.
      :-(

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  4. Yo estoy con Miguel, mejor una vez colorada que cien amarilla...y si no lo entienden se toman otras medidas aunque sean drásticas que cuando vean que no cejas, que el chantaje emocional no te afecta, que a ti quien te importa es tu hijo y que quien manda es el médico o cambian o se les cambia.

    Y tienes que cuidarte, aunque cuando lo estés haciendo te sientas egoísta, no lo es porque para que Dani esté bien tú tienes que estar bien.

    Carmen

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    1. Y entre tanto, lo peor es que me veo obligada a verlo llorar (como ahora mismo) en el sofá porque no le doy la consola..

      Si fuese su abuelo -por ejemplo- ya se la habría dado, antes de verlo así, y a mi intenta manipularme porque quiere conseguir un propósito que ante otra persona, ya tendría.

      Asi que, la que se hunde viendo al niño hecho polvo soy yo. Que soy la mala y la dictadora. Los demás lo refuerzan dándole la razón.

      ¡Injusta es la vida, por Dios!

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