domingo, 30 de diciembre de 2012

Decíamos ayer...


Una de las pocas cosas que tengo claras en este momento, es que cualquier pasito por pequeño que sea en la dirección apropiada debe ser valorado -y difrutado- con la misma intensa emoción que debió sentir Neil Armstrong el día que pisó la luna... a fin de cuentas, ni él ni nosotros sabemos a ciencia cierta si esa va a ser la última vez que la suerte nos sonría.

Desde nochebuena Dani ha avanzado mucho, más de lo esperado diría yo. Mi carácter escéptico, unido al conocimiento intenso que creo tener de mi hijo me dicen que esto es un hecho temporal, y que no va a ser tan sencillo, ni desde luego  definitivo. Más que nada porque el problema que originó este rechazo a las agujas sigue existiendo, y por otra parte, a nivel de aceptación aún tenemos un gran trecho que recorrer. Es por eso que, ante la emoción de algunos miembros de la familia, que ya empezaron a hacer planes de viaje con el niño, al día siguiente de su primer pinchazo, yo opté por la prudencia y el sosiego, aún arriesgando a ser considerada -una vez más- agorera y ceniza.
Lo cual, como creo que quedó claro, es perfectamente compatible con la inmensa alegría que tuve cuando estando juntos en nochebuena, se pinchó solito a mi lado por primera vez.

No me equivocaba. Las motivaciones que tuvo Dani para pincharse en ese momento las intuimos todos, pero... por la misma razón, ahora que ya ha recuperado sus privilegios, era evidente que intentaría tensar la cuerda para volver a saber hasta donde puede llegar, sin perderlos... naturalmente.

Hoy, por ejemplo, tras levantarse con una glucemia de 93, y desayunar... fue incapaz de pincharse solo. Como ayer pasó lo mismo, y el día de navidad también, llegamos a la conclusión de que le cuesta ponerse la insulina por las mañanas. ¿Razón?......Imposible saberlo. Finalmente ante la situación de nervios que se estaba generando, lo pinché yo. Mamá cedió y él se salió con la suya (si se puede definir de esta manera).

Un rato más tarde habíamos quedado con Merche -su educadora- para tomar un café. Pero Dani tenía otros planes bien distintos a dar un paseo de 5 minutos, con una persona a la que adora, por cierto. Hoy le apetecía más jugar con la tablet. Como aquí no transigí, se generó entre nosotros una situación de tensión de la cual Merche terminó siendo parte, sin haber hecho nada para merecerlo. Tardamos un buen rato en tranquilizarlo, y  conseguir disuadirlo de que cejara en una actitud que no lo llevaría a ningún sitio.

Lo cierto es que, pese a eso la mañana terminó bien -churros incluídos- que le supusieron un paseo mucho más largo de lo previsto para bajar la glucemia de una ración de hidratos innecesaria que le permitimos tomarse como premio al sentido común.

La vida entera es un permanente acto de negociación. Y está claro que no gana quien más duro se muestra sino quien tiene más cintura para capear los vaivenes del día a día. En este permanente ejercicio de paciencia que me veo obligada a llevar a cabo , probablemente la mejor lección que obtengo, sea el aprendizaje de los niveles de interacción que podemos llegar a tener madre e hijo, y la capacidad de adaptación a las nuevas situaciones que van surgiendo sobre la marcha.

Y esto es un reto insólito al que nunca pensé llegar a enfrentarme tan pronto.

5 comentarios:

  1. Hola, Soy diabetica así que me quedo por el blog =)
    Voy a hechar un vistazo.
    Un saludo

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  2. Hola ! Te dejo una vez más saludos.
    Ánimo y paciencia !! Apoyo desde Chile :)
    Un abrazo a la distancia !!

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    1. Muchas gracias Valentina; es lo único que no podemos perder: la paciencia. Aunque a veces parezca imposible... que también pasa.

      Un abrazo.

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  3. Eres estupenda Ana que lo paséis muy bien en noche vieja y feliz Año. Besos a Dani Fan N 2

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