domingo, 25 de noviembre de 2012

The sweet boys band


Amanece un nuevo sábado en la ciudad, y el tiempo no parece querer darnos una tregua. Una vez más tengo que replantearme los quehaceres y rutinas diarias de Dani en función de lo que se pueda hacer dentro de casa... porque salir a pasear al lado del río no parece una opción, dadas las circunstancias


Siempre he pensado que lo mejor que un chico puede hacer, es interactuar con otros para descubrir y valorar las  otras perspectivas surgidas -tal vez- a partir de un mismo punto de vista.

Así que he organizado en casa, la primera reunión de la SWEET BOYS BAND. Un grupo de amigos que tienen en común muchas más cosas que la diabetes, pero que  la han utilizado como excusa,  para  explorar ese otro camino...

La verdad es que estoy muy orgullosa de los chicos: porque de su iniciativa y su trabajo ha surgido un detalle precioso que compartirán con sus amigos el día de la comida de navidad...  Creo que es importante valorar su dedicación y su esfuerzo, porque son ellos (y sólo ellos) quienes han sacado adelante un proyecto -por pequeño que pueda parecer- que nos servirá a todos como punto de partida para otros muchos momentos a compartir en el futuro. Y eso es algo que no podemos dejar de aplaudir.

Pero... ¿quién es quién en esta banda?

Dani ya le conocemos...Tiene 10 años y debutó hace dos meses. Es el novato de la pandilla, quizá por eso necesita en mayor medida que el resto, el apoyo de todos los demás.

Está aprendiendo mucho, a pesar de que todavía le cuesta mucho aceptar el hecho de que tiene que pincharse solo. Él es consciente de que necesita ayuda y decidimos buscar amigos que le echen una mano, lo comprendan y lo apoyen... y los ha encontrado más rápido de lo que suponía.



Diego tiene 14 años; lo conocimos durante el ingreso de Dani, y se convirtió en un compañero de habitación fantástico y un referente importantísimo para todos. De él hemos hablado ya en el post Debut 6.- Con la ayuda de mis amigos.






Y finalmente, os presento a Pablo.


Lo de este muchacho es increíble, porque debutó con 9 años cuando empezaba a despuntar como promesa del fútbol, y no sólo no ha permitido que la diabetes se interpusiese en su afición, sino que ha convertido el deporte en una parte de su vida, tan importante, que nadie descarta la posibilidad de que algún día pueda vivir enteramente de él, jugando en Primera división.
Pablo juega al fútbol, en el Club Deportivo Ourense. Entrena todas las horas que puede, estudia como cualquier chico de su edad y es uno de las personas más maduras que conozco. Un caso, sin duda que pone en evidencia el hecho de que con constancia y tenacidad se puede llegar a donde se pretenda ir.

Un trío de muchachos tan distintos como complementarios con los que hemos compartido una tarde diferente llena de risas, trabajo y diversión.

Un pasito más en el camino, que esperamos continuar muy pronto. ¿Te apuntas al club?






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