miércoles, 14 de noviembre de 2012

Día mundial de la diabetes


Es imposible describir el desconcierto que te invade cuando empiezas a ser consciente de la realidad no buscada que repentinamente forma parte de tu vida. Se agolpan en tu mente los porqués, y en el corazón se desbordan las emociones, la incertidumbre y el miedo. ¡Cómo aceptar que tus hijos han de convivir con una enfermedad crónica! y cómo superar las dudas que el exceso de información inicial provocan, tanto a nivel de gestión de la rutina como de control emocional.
Unas personas te dicen que llores hasta desahogarte, que compartas con ellos tu malestar, y que les hagas ver que tu tristeza y preocupación empatizan con su miedo y su sentimiento de rebeldía.
Otros, por el contrario, que seas fuerte... porque de tu valentía y capacidad de decisión dependerá en gran medida la aceptación de las circunstancias y la superación de los malos momentos.

Pero a ti sólo te apetece dormir.

Y despertar pasado el tiempo, habiendo superado la pesadilla que pretendió formar parte de tu vida organizada, dejándola atrás como lo que todo aquello que nos negamos a aceptar; como si sólo hubiese sido  un mal sueño.

Pero los días pasan y las circunstancias son las mismas.  Las glucemias, las raciones, los ataques de pánico y las llantinas terminan por formar parte de tu vida, con tanta rapidez que apenas te das cuenta de su presencia, o de su importancia. Y tienes que aprender a actuar rápido, a tomar decisiones importantes en poco tiempo, y a dar respuestas que no siempre tienes, en ocasiones a toque de campana.

Y sólo tenemos un argumento en que apoyarnos, que nos proporcione la seguridad necesaria para vencer el miedo a equivocarnos y seguir día a día dando pasos hacia delante.

El amor.


Quisiéramos, como padres, tener todas las respuestas. Asegurarnos de que siempre encontraremos la palabra de consuelo, y que sabremos tomar la decisión adecuada...
Pero lo único que podemos garantizaros es que, con diabetes o sin ella, nuestros sentimientos hacia vosotros son los mismos que el día en que entrásteis a formar parte de nuestra vida.


Y  en la medida en que podamos compartir camino con vosotros,
será un orgullo, y un placer,  llegar de vuestra mano,
allá donde el futuro, infinito y abierto, que tenéis por delante,
quiera llevaros.


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