sábado, 10 de noviembre de 2012

Debut 3.- Y ahora qué?

En esta larga carrera, hay -como en todas- momentos en los que el cuerpo responde con extraordinaria facilidad, mezclados con otros muchos en los que la realidad nos muestra lo desprotegidos y vulnerables que estamos ante la incertidumbre del día a día.


Las rutinas que hemos de aprender, como la inyección de insulina, no están exentas de un cierto componente de autoagresión, incomprensible para algunos pacientes. En el caso de los niños, he observado que la negativas infantiles  y la falta de colaboración resultan no solamente frustrantes sino también desoladores para las familias  que los rodean. Porque una cosa es ser conscientes de las dificultades a arrastrar durante estas etapas iniciales y otra enfrentar el muro de la rebeldía con el que se defienden los niños.
Es probablemente lo poco que les queda, y tienen derecho a sentirse frustrados y perdidos. 
Hace unos días mi hijo salía de clase de inglés y yo había ido a recogerlo. Estaba de mal humor, quizá ese día no lo había pasado bien, o tal vez estaba cansado... no lo sé, porque no eran habituales en él los cambios tan radicales en su forma de actuar.

El caso es que volviendo para casa nos cruzamos con un amigo, alguien cercano a mi -por trabajo- pero con  quien él no tiene demasiado trato. Con toda la buena intención, le preguntó:

- ¡Hola Dani! ¿Cómo estás?
No pudo responder; se dio la vuelta y siguió caminando. Yo me disculpé con mi amigo, sorprendida y confusa. Él me hizo entender con un gesto que  no me preocupara.

50 metros más adelante le di alcance, estaba llorando. Se sentó en un banco de la calle y me abrazó desolado y nervioso. La gente que pasaba alrededor nos miraba incrédula sin entender la escena. Yo intenté hablar con él y brindarle mi apoyo, claro; decirle que entendía perfectamente  ese revoltillo de emociones  que inundaban su mente, y que estaba dispuesta a apoyarlo -o a llorar con él- todas las veces que hiciera falta.
Pero él me dijo.
- Si mamá,eso ya lo sé, todos me apoyáis, pero lo único cierto es que esto me pasa a mi. Y estoy perdido. Hace tres meses mi vida era un jardín de rosas y ahora es un túnel sin salida.

Lloré con él en medio de la calle. Jamás había escuchado a un niño explicar de una forma tan clara los sentimientos de frustración y miedo de una forma tan descriptiva.

Y él lo hizo, mucho mejor de lo que hubiera podido hacerlo algún mayor.


Ese día entendí que estaba tomando consciencia de la enfermedad, y que pese a las buenas intenciones y a la ayuda imprescindible de muchos expertos, él tenía perfectamente claro que el camino a recorrer era el que la vida le había asignado a él.
Y nosotros no éramos más que el paraguas bajo el que guarecerse en momentos de lluvia  o sol...y una vez más, tuve miedo.



1 comentario:

  1. DILE A DANI DE MI PARTE QUE NADA DE TUNELES NEGROS, QUE AHORA ES UN DULCE GUERRERO Y ÉL ES FUERTE Y TIENE QUE LUCHAR, QUE HAY MUCHOS NIÑOS COMO ÉL Y QUE COMO TODAS LAS COSAS AL PRINCIPIO SON DURAS, PERO LUEGO VUELVE A SER CAMINO DE ROSAS. MI HIJO FUE A UN CAMPAMENTO QUE LE VINO DE MARAVILLA, TANTO QUE EL AÑO PASADO HIZO UN CURSO DE MONITOR, SI PUEDES QUE VAYA ALGUNO

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