jueves, 8 de noviembre de 2012

DEBUT- 1

Es difícil describir lo que sientes cuando te dan el diagnóstico; aunque como madre puedas tener alguna sospecha, y te creas razonablemente preparada para asumir y aceptar una noticia de este tipo.



Hacía tiempo que en casa observábamos un cambio en nuestro hijo. Estaba más delgado, bebía  a todas horas hasta el punto de no poder salir de casa sin una botella de 1/2 litro (ó dos), y se quejaba de cansancio un día tras otro. Pero claro, era verano y todo nos parecía tener una justificación  razonable: bebe porque hace calor, ha adelgazado porque está jugando en la piscina todo el día, y esa es la razón por la que se siente cansado... ¡Si es que no para!

Pero cuando llegas una tarde a casa, y te encuentras a ese niño tan vital, durmiendo la siesta en el sofá, y pidiéndote que lo dejes descansar porque lo necesita, empiezas a tener la sospecha de que algo no está funcionando como debería.

Y es en una consulta médica casi improvisada donde empiezan a plantearse de forma evidente las circunstancias, y la realidad se vuelve la única opción que no queremos admitir.

Dani ingresó en la UCI con 510, pero lo hizo por su propio pie. No fue tanto por las condiciones físicas como por la necesidad inmediata de iniciar un tratamiento de forma metódica que su cuerpo no podía aplazar más tiempo.


En unos días pasó a planta en la Unidad de Pediatría. Estaba razonablemente estabilizado, y tenía que empezar el proceso de aprendizaje que aún ahora continúa... para todos.


Los médicos y enfermeras nos daban pautas, nos  desgranaban datos que ellos manejan con absoluta  normalidad, y nos invitaron a participar en una serie de clases teóricas donde tratarían de ponernos al día en las cuestiones básicas de la enfermedad. Nos regalaron libros, aparatos electrónicos para medir la glucosa y sentaron las bases de lo que iba a ser una constante ya en la vida de la familia; comer por raciones.

Todo esto sucede en tan poco tiempo que apenas tienes la sensación de que te está pasando a ti. Porque nos pasa a todos en la familia; cuando se diagnostica diabetes a uno de los miembros, inmediatamente la rutina de todos los demás cambia también en función de esta nueva circunstancia. La vida de la familia se reajusta para adaptarse a este cambio no buscado, que sin embargo forma de repente parte de tu cotidianeidad.

Los médicos te ofrecen la posibilidad de preguntar dudas... pero estamos tan confusos que apenas se nos ocurren las cosas; y cuando sales de allí, tienes la sensación de que todo lo  aprendido durante el ingreso, es un punto de partida que no se ajusta en absoluto a lo que te encuentras cuando la vida real se muestra frente a ti.



Y entonces empiezan la desesperación... la desolación y el miedo.


3 comentarios:

  1. Sin palabras es como si yo lo hubiese escrito .
    Se me pone la piel de gallina, es increible como lo has descrito, fue tal cual. Que días mas largos en el hospital, que miedo cuando cerrabas los ojos x la noche y tu cabeza empezaba a pensar . Ufffff

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  2. Hola Ana,hoy hace 20 días que debutó mi niño con 5 años.Entró por su propio pie con 584,pero estuvimos 13 días en el hospital.Todo lo que cuentas en el post lo hemos vivido de la misma manera,y ahora en casa,también como tu cuentas estamos con más miedo que nunca,por el cómo lo haremos.he echado un vistazo a tu blog y creo que es muy interesante,y que nos va a ayudar bastante.un saludo

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  3. Hola Mario...
    Antes de nada, quiero decirte que entiendo perfectamente como os sentís y por supuesto creo que tenéis todo el derecho a estar así. Confusos, preocupados, agobiados y desconcertados.
    Como ves, no hace mucho yo estaba exactamente en vuestra situación. Mi hijo también entró por su propio pie con 510 en la UCI.Desde allí subió a planta casi 10 días, y nuestra vida cambió para siempre.

    He de decir que en esos primeros momentos,estás en un limbo que entremezcla los miedos con la incertidumbre, la ansiedad y las ganas de llorar. La preocupación y el infinito amor que sentimos hacia nuestros hijos... es un maremagnum de sensaciones que sólo comprende quien ha tenido que pasarlo.

    Pero, ¿sabes qué? Aunque ahora mismo te parezca imposible -que es así, y por supuesto es razonable- he de decirte que antes de lo que crees estarás tan al día como cualquiera, y sabrás llevar la diabetes de tu hijo con facilidad y sobre todo con "naturalidad".

    ESo no quita que tengas muchos momentos de miedos, de lágrimas y de preocupación... que los tenemos todos, ¡y los que nos quedan!

    Lo único que puedo decirte es que, desde el punto de vista de otros madres y padres que comparten con vosotros una circunstancia que nunca pensamos tener, te invito a que cuentes conmigo para lo que puedas necesitar. No tengas ninguna duda en contactar en cualquier momento, y entre todos seguro que haremos más llevadero el camino que tenemos que compartir.

    Un beso enorme para ti y familia. De infinito cariño y amistad.

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